Mostrando entradas con la etiqueta Divagues. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Divagues. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Excusas (recorte viejo)

Por ejemplo, ahora. Ahora yo podría escribir muchas cosas, y sin importar cuales, no serían las que quiero. Claro que podría tratar, como siempre he tratado. Como a veces, que me paso varias horas peleándome con alguna coma o con algún puto adjetivo. Pero sólo lo intentaría por cierto placer que en esa estúpida pelea creo conseguir. La verdad es que desde mucho antes de comenzar sé que lo que quiera que encuentre allí no será eso que andaba buscando. Tal vez puede que lo roce tangencialmente o, de tener mayor éxito, que al leerlo desprenda cierto aroma que me recuerde a alguna cara, a algunos ojos, a cierto lugar de la infancia, pero nada más.

Para encontrar esas cosas que quiero posiblemente necesite de todo un nuevo idioma, porque según tengo noticias ni con el castellano, ni con el ruso, ni con el inglés parecería, por lo pronto, alcanzarnos.

O sino decime, decime qué te puedo decir con un par de palabritas enfermizas, chiquitas, casi ridículas, que con un beso no te haya dicho antes y mejor. Decime cómo hago para que este abecedario te tome de las manos, cómo lo convenzo para que después las recorra lentamente. Cómo les hago entender a todos estos párrafos que no están hechos para dejarse leer, sino para susurrarse en tu oído o gritarse en mitad de la calle. Cuántos puntos suspensivos necesitaría si quisiera que entre cada oración exista una pausa fijada por lo que duran tres de tus parpadeos. O te la pongo más complicada todavía: decime como explicarle a los paganos la metafísica latente en un juego de bolitas.

Escribir es como ir de safari armado con una gomera, es esa manía por salir a perseguir ideas de las que con suerte sólo conseguiremos arrancar un par de plumas. Es cazar leones esperando secretamente a que el león nos devore.

Y sino decime, decime vos.

Pero de cualquier manera benditas sean todas estas sumas (escritor-lector) de tiempos perdidos*.

*exagero?

martes, 1 de julio de 2008

Cortázar, boxeo y poesía.

Siguiendo con las analogías al boxeo, hoy me acorde de haber leído a Cortázar diciendo que la novela gana por puntos y el cuento por knock-out.

Proyectando algunas ideas, la novela vendría a ser un boxeador precavido al que no le gustan los riesgos inútiles, nada de zurdazos que lo dejen mal parado; se banca todos los rounds porque en su visión de las cosas una buena técnica le va a dar el favor de los jueces, y un único gancho bien dado no puede hacer la diferencia.

Mientras que el cuento, por su parte, sale al ring dispuesto a acabar con su rival (¿el lector?), a destrozarlo en una combinación perfecta de izquierda-derecha-izquierda. La posibilidad de quedar mal parado y sentir el peso de unos cuantos nudillos sobre su protector bucal es una de esas eventualidades que considera intrínsecas al acto boxear. Va a ir sobre su rival una y otra vez, hasta que alguno de los dos quede en el suelo.

Cuento y novela son dos boxeadores con diferentes estilos, diferentes concepciones sobre el deporte. Cuento y novela, hasta ahí muy bien, pero entonces, ¿y el poema qué? ¿Cómo gana el poema? ¿Qué clase de boxeador es?

Después de pensarlo un buen rato (lo que dura un viaje en bondi a la facultad, para ser más precisos), llegué a la conclusión de que el poema sería un boxeador descalificado, un tipo bastante sucio. Porque el poema, sin ningún lugar a dudas, descolocaría la mandíbula de su oponente antes de que suene la campana.